Congoja por la muerte de Rubén Terrón

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El poeta hizo decenas de presentaciones en Dorrego. Una de ellas fue con motivo del Centenario de la Escuela Nº 7. Este video pertenece al realizador local Pablo Rodríguez. (08|08|12)

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3 Comentarios para “Congoja por la muerte de Rubén Terrón”

  1. Gustavo Marcelo Sala dice:

    Rubén Terrón
    Artista y Profesor

    No nos sobra calidad, somos pocos los habitantes del Pago, por eso cuando un poeta de los nuestros, un artista de fuste se nos va, buena porción de nosotros parte con él.
    Sin haberlo conocido por fuera de su obra tenemos la vaga idea de que en él “El Profesor” constituía una suerte de titulo superior, bautismo popular y criollo, esos que no se logran solamente desde el plano intelectual o erudito, incisos que están establecidos taxativamente por profesar una idea concreta sobre el terruño, sus raíces y su cultura más allá de la específica actividad docente. Horas atrás mencionábamos a Stevenson y el encanto del verdadero artista. Hace un par de días que la cultura de Coronel Dorrego anda cojeando, desconsolada, sin esperar nada del futuro, triste, muy triste. Uno de sus máximos exponentes fue víctima temprana de la sórdida zancadilla que nos tiene bocetada la vida. Al nacer somos principio, y de acuerdo con aquello que seamos capaces de edificar en nuestro camino tenemos la opción de no ser final, no ser olvido. Hoy nuestro luto luce túnicas de melancolía y nostalgia. Cuando poco a poco, con el transcurrir de los días, esas musas inspiradoras nos vayan licenciando vamos a ser testigos del milagro de la resurrección a través de su obra y legado. Rubén o Ruben, según como a uno le pegue (hasta eso nos concedió), nos dejó decenas de cuestiones artísticas por atender, viejas preguntas poéticas que por viejas no dejan de ser novedosas; y nos deja también la maravilla de la siembra en las exquisitas bordonas de su herencia: Rodrigo. Nadie muere del todo mientras haya alguien que lo recuerde, y si ese alguien es evocado por un pueblo entero ha logrado destronar a la finitud como cruel e indispensable sortilegio de la creación. Hoy somos menos buenos que ayer y no es culpa de nadie, ni siquiera de nosotros mismos; perdimos a uno de nuestros irremplazables, esos que nos suelen mejorar, seres sentipensantes, personas que con sólo nombrarlas comprenden en nuestros corazones mucho más que un orgullo transitorio.

    Acompañando en el dolor

    Dora M. Eulalia
    Gustavo M. Sala

    El Perdido

  2. natufiense dice:

    “No hay escuela sin alumnos y sin gente” dice Ruben, y viendo la cantidad de gente que lo llama Maestro o Profesor nos damos cuenta que hizo escuela como pocos.

  3. Cintia Morales Zabala dice:

    Querido Ruben:
    El recibir noticias de tu partida me entristeció mucho, fue como si de pronto el susurro del viento entre las hojas, los sonidos de la vida a mi alrededor se hubiesen apagado… la música ahora ya no suena igual, la armonía se rompió, algunas notas se perdieron para siempre dejando un mundo monocorde, una melodía incompleta…
    Y de repente, en medio de la congoja siento un momento de alivio, como un soplo de aire fresco, porque siento la enorme seguridad de que volveremos a vernos, y no desde la fe, que nos habla de un cielo que espera por los justos más allá de esta vida, ya que me cuesta recurrir a ella en este momento, sino desde la convicción de que este breve espacio al que llamamos vida no puede ser el único, que tiene que ser el preludio de algo más, la eternidad o una existencia más allá del tiempo, que nuestras mentes no alcanzan a concebir desde nuestro mundo material.
    Y me siento menos sola en este momento, porque presiento el instante en que nos vamos a estrechar en ese abrazo que quedó postergado por tanto tiempo, tal vez por la certeza de tener poco que contar, o por encontrarme aún en el camino que me conduce a no sé donde, ya que con los años parece alejarse un poco la realidad de lo que cada uno de nosotros espera encontrar en su futuro, y que vinimos a buscar, algunos de nosotros, a la universidad. Y siento que hablo desde la esperanza, ¿qué sería de nosotros sin ella?
    Y comprendo la dimensión de mi error al pensar en que las etiquetas nunca te interesaron, justo a vos que supiste cambiar sin proponértelo la de profesor por la de maestro, mucho más amplia y justa con lo que representás para todos aquellos jóvenes que tuvimos el privilegio de conocerte y de ser parte de tus clases y encuentros con nuestros maravillosos grupos corales.
    Sé que todos atesoramos tu sonrisa franca y tu voz, tan particular, siempre con la palabra justa o el consejo necesario para quien necesitara de la guía de alguien con la sabiduría y la sensibilidad necesarias para ocupar ese lugar. Porque fuiste y sos un poco el maestro, el padre y el amigo de todos los alumnos, hijos y amigos que cosechaste a lo largo de tu vida.
    Mis pensamientos me llevan a la familia, y mi corazón se queda con Norita y con Rodrigo, que nos necesitan ahora para aliviar su pena y volver a ocupar un rinconcito de su casa, esa misma que, cual la de un tribuno de la plebe, siempre tenía las puertas abiertas, con un mate calentito y una guitarra templada, lista para pasar de manos junto con el mate, cambiando de ritmos y de tonadas pero siempre con la misma calidez.
    Y entonces pienso en las guitarras, e imagino que todos los guitarreros de nuestro querido pueblo debieran retirar una cuerda a sus instrumentos, en silencioso homenaje a una persona llena de humildad, reemplazando a los aplausos que a veces preferías dedicar a quienes estaban a tu lado en tus proyectos, aunque fuesen más que merecidos para vos.
    Pienso en nuestro pueblo y sé que tal vez le estoy poniendo palabras al sentimiento de muchos dorreguenses lejos de casa, o de aquellos que volvieron o que nunca se fueron, y que también te conocieron, el mismo poeta y creador genial que con sus acordes le arrancaba lágrimas a los paisanos más curtidos con su homenaje cantado al padre de Patrias y de sueños cuyo nombre hoy llevamos con orgullo.
    El nombre de Don Manuel Dorrego me remite a la memoria, y en especial a la memoria colectiva, esa que trasciende generaciones y nombres, y que acompaña para siempre a un pueblo como parte de sus raíces, sus sentimientos. Y me permito asegurarte, querido Ruben, que mientras muchos de nosotros les hablen de vos a sus hijos, de una época feliz y musical que nunca quisieron dejar atrás, serás recordado. pero eso será luego, cuando se nos haya tornado menos pesada la tristeza.
    Y ahora pienso en la palabra GRACIAS, dos sílabas que parecen poco para representar sentimientos tan profundos, pero que por esas maravillas de nuestro idioma tienen la virtud de ser tan amplias que significan muchas cosas, que cada uno puede agregarles algo y darles un nuevo significado cada vez. Gracias. Gracias y un definitivo hasta siempre, querido maestro, padre y amigo Rubén Terrón.

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